domingo, 31 de marzo de 2013

Qué mal título (el mío)

La epidemia de 7 Cajas ya acabó, qué bueno. Ahora es un buen momento para mirar la película sin dejarme sugestionar por la crítica avezada o popular.

En este mismo instante no recuerdo el inicio, pero creo que empecé a desmotivarme cuando los personajes comenzaron a hablar. El guion no ayudó mucho; quien lo haya redactado no se tomó el tiempo de involucrarse enserio con el Mercado 4 y su dialecto coloquial. Lo que sí creo que debe destacarse es la actuación de unos cuantos que encarnaron a los personajes con la actitud necesaria para rescatarlos de la inverosimilitud de sus diálogos. Además de eso existen escenas muy logradas, como aquella de la persecución por el mercado que me recordó a una escena de Slumdog Millonaire, tanto me recordó que me dieron ganas de volver a verla. Ahora hablemos de la música (¿qué música?). Quiero decir que sobre los tecnicismos del mundo fílmico desconozco bastante  (me gustó la fotografía), sin embargo me atrevo a decir que como directores me parece muy bueno y mejorable este dúo. Fuera de eso opino que también es un logro para un país como el nuestro, donde las expresiones artísticas están tan abandonadas, que se active el movimiento del 7º arte, pero no considero sano para el desarrollo y la evolución de proyectos futuros la sobreestimación de este filme, por más que sea paraguayo (Lugo, Yingo, etc. son paraguayos, y no por eso andamos sobreestimándolos por ahí). También espero que no se elitice la producción fílmica ni que el apoyo sea exclusivo para estos productores y directores, que ya han mostrado lo que pueden hacer.

PREMIOS

Supongo que tiene que ver con el formato, el contexto locativo, la vanguardia que implica (para lo oxidentalizado) mostrar el arrabal y sus implicancias socioculturales, económicas. También supongo que quienes juzgan, como son extranjeros, desconocen (más que el guionista) el dialecto del Mercado 4, entonces lo asumen como posible; claro que esto tampoco es percibible para el público paraguayo que no acostumbra a ir a "esos lugares".

Fuera de todo eso, me gustó.

Por poner algo

domingo, 24 de marzo de 2013

Sajonia

Después de eso salí a la noche sin rumbo fijo.  Otra vez así, condenado al ostracismo de las calles sin nombres, de sombras sin dueños; perdido en ese silencio oscuro profanado de a ratos por el aullido de algún perro vagabundo. Habían dicho que esas calles escondían vertiginosos misterios  y yo estaba lo suficientemente ebrio como para sondearlos. Ese lúgubre camino que por tanto tiempo se había postergado en mis pasos, ese asfalto con árboles que se encorvan de un lado a otro formando un arco largo entre vereda y vereda, esa bajada profunda, como de abismo sin retorno. Caminé durante horas, o al menos eso creí; es difícil precisar en ese estado el transcurso del tiempo. Abandonado a la arbitrariedad de los caminos sinuosos llegué hasta un parque aparentemente olvidado por los niños. Caminé hasta toparme con un enorme árbol que tenía un hueco casi igual de enorme en él. Entré. La oscuridad era pura, solemne, absoluta. Sentí que mis pupilas se dilataban al tiempo que mis manos exploraban la textura rugosa de las vísceras del árbol. Caminé dentro de él, palpando en semicírculo sus vértebras alteradas por grabados de letras que se juraban amor eterno. No pude evitar recordarte. Y esos recuerdos eran así como de fantasmas que deambulan en habitaciones cercanas, fantasmas que discuten un llanto de algo perdido. Así te veía, como en un poema escrito por otro,  en un anagrama desordenado de tu nombre; y yo como en exilio de tu patria diminuta, como un silencio de lluvia detrás de la ventana. Tan callados nos dijimos todo que ya ni me acuerdo de lo que hablábamos. Quisiera ser el aguacero que te despierta en las mañanas, dijeopensé. Pero ahora estoy tan solo que no quiero estar con nadie.
Alguien me habla: Soy el geocentrismo del siglo XIII. Copérnico era un fruto de durazno en mi entonces.
Digoopienso: ¡Hereje, apóstata, demiurgo! Aunque blasfemes en todas las lenguas sacras, yo no te creeré.
Pero llora con tanta convicción, le falta el aire con tanto desasosiego que hasta se me antoja creerle. Todavía no sé si existen o si yo me los invento; por los fantasmas, digo. Los imagino etéreos a veces, como voces sueltas, dejadas ahí sin cuerpo y con frío. Solo voces, y el silencio dándoles vida, rebotando, chocando unas contra otras en un espacio vacío de tiempo y aire.
Oigo sonidos de sirena. La policía me está buscando. El corazón se acelera, palpita a ritmo de miedo, de perdido sin nombre. Atino a esconderme. Pero dónde, por qué.
Desde adentro del árbol los veo (me acurruco), se bajan de a dos los cuatro. Uno invita cigarrillos a los tres y enciende el propio. Ninguno habla, solo miran, esperan algo, o a alguien. Los noto inquietos, ansiosos. Uno lanza su cigarrillo a mitad de camino, otro lo imita. Dos continúan fumando.  Alguien llega. (mutis por izquierda, mutis por derecha, todos para arriba, ra ra ra) Era Lucas. Lucas, el loco Lucas. Tenía un libro en la mano; siempre tenía un libro en la mano. No sabía leer, por eso pedía a cualquiera que se cruzara en su camino que le continuara la lectura que otro había abandonado; entonces empezaba una discusión de gestos y espasmos hasta que Lucas se cansaba. Lucas siempre se cansaba antes que su interlocutor. Nadie atinaba a explicarle el contenido del libro con la precisión que él requería, o con el entusiasmo que precisaban las cadencias de la trama. Lucas le acerca el libro a uno de los polis, el aludido  mira a sus compañeros y sonríe. Otro golpea el libro y lo manda al suelo de un palmazo. Lucas, indignado, se apresura a recoger el libro pero una patada en el hocico evita su propósito. Queda tendido. Libro y dueño, página abierta la sangre analfabeta. Las dos últimas colillas de cigarrillo acompañan ese trance silencioso que avanza lento como lava roja que pronto será roca. Nadie los ve, piensan, sé que lo piensan mientras miran nadie los ve. Pero a dónde van, por qué lo dejan.
Tiemblo, busco en mis bolsillos algún resto de alcohol o tabaco. Nada. Espero impaciente que alguien llegue y lo rescate. Salgo. Camino zigzagueando entre parapetos improvisados. Tropiezo. Llego. Lucas, Lucas, le digo. El hombre solo alcanza a soltar un quejido, un lánguido exabrupto escarlata mientras intenta comunicarse moviendo los dedos, haciendo gestos en el aire. El libro. Dónde está el libro.

Ahí tendido le volvió a acosar la recurente necesidad de mantenerse anacrónico a cualquier pulso, por más polirrítmicas que seducieran sus formas.


admirable la persistencia suicida del mosquito





Encuentro


Ir a un lugar donde nadie nos conozca, pasar desapercibido y poder ser cualquier persona.

Estaba en la esquina con su bastón. Me recordó a Borges. 
¿Lo ayudo señor?
Por favor –me dijo. Daba pasos cortos e inseguros, como dudando de mí, tanteando siempre el asfalto–. 
¿A dónde va señor? 
Debo llegar hasta un colegio, tengo una cátedra ahí. Soy nuevo por acá y todavía no conozco los lugares y voy con retraso. La puntualidad no siempre fue una cualidad que supiera disimular sin esfuerzo. Por lo menos ahora puedo justificar ese descuido con mi ceguera.
Disculpe la pregunta señor. ¿Hace cuánto quedó ciego?
Recién hace unas horas, cuando llegué a la ciudad.
¡Hace unas horas dice, señor! –dije sorprendido–.
Sí –contestó él, serenamente–. En cada ciudad que llego soy un hombre distinto. Acá soy un ciego.
Cómo así señor. No entiendo –dije. El hombre detuvo la marcha y me presionó el brazo en donde se apoyaba. Inclinó la cabeza hacia mí, como buscando mis ojos, y alcancé a ver entre los lentes oscuros cómo los suyos giraban sin sentido–. 
Yo puedo ser todos los hombres, menos uno: yo mismo –dijo, liberando la presión en mi brazo y siguió caminando, con una lentitud segura, hacia adelante–. 
¡Espere, señor! –grité–. Se detuvo antes de que el bastón volviera a tocar el piso, perfilándose ligeramente hacia atrás.
Entonces usted no está ciego –concluí con absurda seguridad–.
Tan ciego estoy que usted bien podría ser otra persona, menos la que dice o cree que es. Y sin embargo yo lo reconocería en cualquier otro lugar, en cualquier otra voz, en cualquier otro cuerpo.
Volvió a apoyarse en mi brazo derecho. Yo le prevenía de los escalones y las murallas, pero era él quien me guiaba. 
Entonces es usted todos los hombres y a la vez ninguno –dije, después de una larga reflexión, y esto, a mi pesar, sonó más a una afirmación que a una pregunta–.
Así de trágico y terrible –contestó secamente–.
¿Y cuál es la cátedra que da en el colegio, señor?
Literatura. Literatura universal –dijo, como corrigiéndose, levantando el índice hacia arriba-. Iba a comentar algo al respecto pero ya llegábamos al colegio. 
Creo que el aula queda por aquí –dijo, señalando el lugar preciso–.
Llegamos al aula. Los alumnos reconocieron al profesor de inmediato y se levantaron para saludad.
¡Bue-nas tar-des pro-fe-sor! –Dijeron en coro–.
Buenas tardes –respondió él antes que yo, y se presentó–.
De mí no sabrán más que el nombre, y eso ya es mucho. Y no saquen lápiz ni papeles. Lo que vengo a decirles no necesita ser escrito.
Comenzó a hablar de escritores, parafraseando a cada uno de ellos, mientras recorría con ligereza el lugar, como si conociera cada espacio y cada grieta en el piso. Nadie más que él habló.
Siempre que mis alumnos me preguntan quién era ese señor que llegó conmigo una vez, me quedo callado. No sé cómo explicarles que algo me dice que aquel hombre ciego, era yo.



Como carezco de los datos necesarios para ahondar en el los detalles de carácter técnico, y como mi intención no es dilucidar las dudas referentes a ese tema, voy a plantear un mero análisis superficial de la primera impresión que me dio esta nota de ABC, pero intuyo que esta observación grafica ya el “festín” en que consiste la sobreponderada expo.
De entrada el título (La expo de la gente) hace referencia a la “gente” para que todos aquellos que nos preciamos de serlo, nos sintamos de alguna forma aludidos e incluidos dentro de esa “cantidad inmensa de personas” que cada año visita la dichosa feria.
Ahora fijémonos en el epígrafe de la imagen que ilustra la nota: “a muestra culminará con una afluencia de unos 800.000 visitantes”. Además de la ausencia de una letra en la primera palabra, notamos que hace referencia a la cantidad de “gente” que asiste a la exposición, pero ese dato numérico no es tan inocente como aparenta. Sabemos que en la expo no vamos a encontrar exposiciones de “gente” del mercado (¿o esa no es gente?), ni al despensero de la esquina, ni al de la ferretería de al lado. ¿Por qué no encontraremos a esa “gente”?
La expo es prácticamente una vidriera exclusiva para las grandes empresas trasnacionales, así como también para el sector agroganadero, exportadores la mayoría, por eso sus productos no van a parar precisamente a la “gente” que por incapacidad económica no puede ir a la expo.

No pensé reirme
Hace tiempo ya que vengo escuchando esta graciosa frase con la que algunos acostumbran a concluir una especie de discurso expresado a través de carcajadas ¿Pero quién piensa en reírse antes de hacerlo?, si la risa es producto de un asombro, el espasmo de una sorpresa que desata una hilaridad repentina.
Sueño de una noche de ver ano
Y de repente estaba en el laburo con un cepillo de dientes incrustado en la boca. Me pareció raro pero no lo suficiente. Como me resultaba incómodo para hablar decidí quitármelo; al hacerlo percibo que algo quedó incrustado entre mis dientes y mis labios. Quito el objeto de mi boca y resulta ser una carcasa de enchufe.
Hasta ahora la interpretación de Giuli es la que me pareció más acertada. “parece que vos con el cepillo querés limpiar tus palabras, lo que decís y creés que pensás; pero no, todavía queda algo ahí, escondido, molestando en tu boca”.











sábado, 22 de diciembre de 2012

La salud de los enfermos

Me enfermé. Una de esas gripes que se ponen de moda. Fiebre, mareo, debilidad, ganas de vomitar; un seudoembarazo. Aproveché para leer un poco (poco), escuchar música (eso sí un poco más), y ver películas (de eso es que quiero hablarles). Entre las que vi está una de Martin Scorsese, Taxi driver. Nor ecuerdo cómo llegué hasta él; ah, ya sé, a partir de otra pelicula que descargué: Mi vecino Totoro. El guion (de Totoro), la trama, se desenvolvía con admirable naturalidad. Eso me gustó. Ahora, lo de Scorsese me interesó un poco más. La trama: Un hombre solicita trabajo en una flota de taxis. Cuando le preguntan por qué quiere trabajar ahí responde que no puede dormir por las noches. Con el tiempo, con las noches de abulia en la ciudad, la escena voyeurista con un pasajero dominado por el despecho y el desencanto de una mujer, desarrolla una actitud "transtornada", que lo lleva a tomar acciones drásticas y dramáticas (sangre, muerte), que sin embargo terminan siendo bien vistas por la sociedad.



martes, 17 de enero de 2012

Ya no soy el de antes, mucho menos el de ahora


Uno empieza por dejar de fumar, se corta el cabello, se quita la barba solo para entrar dentro del estereotipo formal de la estructura moralista del sistema, para que las mujeres de bien no nos miren con desconfianza al cruzarnos en la calle, o para que la policía no nos exija el documento en cada esquina; uno termina por sucumbir a la tentación de pasar desapercibido, como una persona normal.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Despedida


Este mensaje no es cifrado

no hay misterio detrás de la máscara

quizá haya un rostro o un espejo que multiplica falsedades

pero no encontrarás la mirada que justifique tu llanto.

Ya estamos más allá de las distancias

ya nuestras fronteras trascendieron esta guerra sin tregua de banderas blancas.

Este es el adiós sin despedidas

este es el olvido de los muertos sin historia.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Bastará con decir que Ernesto Sabato no ha muerto


Ni el rigor de los años, ni la fragilidad de la memoria podrían arrebatar lo que el pesar de un hombre dejó escrito en pasajes de novelas y ensayos. Para que un hombre muera solo hace falta que se lo olvide.

Ernesto Sabato se preparó a morir en 1998, luego del fallecimiento de su esposa Matilde y después de haber recibido unas prevenciones de los doctores. No tuvo mejor forma de hacerlo que escribiendo un libro al cual tituló "Antes del fin", libro que, me permito decir, es uno de los pocos que consiguieron entusiasmarme verdaderamente, de esos que se leen más de una vez en el mismo día.

Pero cómo no iba a emocionarme aquella especie de testamento en donde el posible difunto se dispone a dejar su herencia, que no consistía en objetos materiales sino en profundos recuerdos que resultaron ser trascendentales en su vida. Es imposible no recordar cómo sufría todavía la muerte de su hijo; o la vez en que el pintor surrealista Óscar Dominguez lo invitó a que se suicidaran juntos una noche. Sabato rechaza la invitación a pesar de reconocer haber sido tentado por la propuesta. El pintor, sin embargo, decide postergar su suicidio (lo concreta al año siguiente). Este era el contexto en el cual se desarrollaba su vida en París. Este tipo de riesgo se corría al involucrarse con los surrealistas, cuya corriente estaba en pleno apogeo.

Esa era la vida de Ernesto Sabato por las noches, porque de día era un respetado científico del Laboratorio Curie en París. "En el Laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avanzando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba", reconoce en un pasaje.

Era un hombre que se debatía entre dos vertientes: la racional y la emocional. La ciencia representa lo metódico, lo riguroso, lo exacto y preciso, cualidades que deslumbraron al Sabato adolescente, le entusiasmaba ese mundo donde logaritmos y sinusoides conseguían establecer un orden absoluto, inequívoco y perfecto. Sin embargo este mundo le parecía frívolo y cruel, por su escaso o nulo compromiso con el hombre y su tiempo. Entonces decidió dedicarse de lleno a la escritura.

Renunció no solo al Laboratorio Curie, sino también a un futuro promisorio y estable, para embarcarse al por entonces incierto territorio de la literatura. Esta decisión resultó ser valiente para algunos y absurda para sus colegas científicos, más todavía porque ya tenía esposa y un hijo que mantener.

El túnel

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”, así comienza su intensa novela psicológica que tituló “El túnel”, en donde Sabato nos hace viajar por el vertiginoso mundo paranoico y obsesivo de Juan Pablo Castel, quien narra con meditada turbación los acontecimientos que lo indujeron a asesinar a la mujer que amaba.

Castel no es más que el espejo en donde nos miramos y nos reconocemos algunos, tanto así como María Iribarne, o Hunter, o el marido ciego. Pero detrás de todos ellos está uno solo: Ernesto Sabato, hombre perseguido y atormentado por un fantasma: “Uno se embarca hacia tierras lejanas, indaga la naturaleza, ansía el conocimiento de los hombres, inventa seres de ficción, busca a Dios. Después se comprende que el fantasma que se perseguía era Uno-Mismo”, dice en el prólogo de Hombres y Engranajes.


En este período también escribió obras como “Uno y el Universo”, un pequeño libro en donde encontramos ensayos, aforismos, reflexiones expuestas a manera de microficción, otras con más criterio dogmático, sin dejar de poseer altos porcentajes de ironía y entusiasmo.

El porqué del título, además de hacer alusión al comienzo de El Túnel, también tiene algo que ver con una conversación en donde con una amiga reflexionábamos sobre la muerte del escritor. Ella respondió a algo que dije con esta frase: “Sabato no está muerto. Hace rato que Sabato se volvió inmortal”.

viernes, 11 de febrero de 2011

efra


“Escribo porque para todo lo demás existe mastercard” o “Me gusta escribir, lo que no me gusta es ser escritor”
“Cuando escribo anulo el mundo, entro en trance, sufro y me divierto; es algo conmigo y para mí. No hay editor, no hay libro, no hay lectores, no hay patria ni mujeres... soy sólo yo dándole forma al vacío.”
Nunca dejó de sorprenderme que alguien que se haya dedicado al boxeo fuera luego reconocido y admirado como escritor. Este es el caso del colombiano Efraím Medina Reyes, autor de títulos como: “Erase una vez el amor pero tuve que matarlo”, “La sexualidad de la Pantera Rosa” o “Técnicas de masturbación entre Batman y Robin” y otros títulos no menos extravagantes.
Esta especie de reticencia a la que nos induce el autor con estos títulos sugerentes se diluye recién después de leer su obra, ya que consigue engañarnos haciéndonos creer que encontraremos frases toscas o desagradables. Pero no; en su prosa, a pesar de encontrar palabras que podrían sonar molestas a oídos sensibles, se puede apreciar los quebrantos de un romántico algo existencialista.
Sin embargo no deja de llamar la atención ese carácter irreverente hacia la literatura, posando sin ropa en las portadas de sus libros; “Me exhibo porque escribir es exhibirse, por llamar la atención, por transgredir, por orgullo de raza, por fastidiar a los que creen que la literatura es algo serio”. También algunos lo consideran altanero por sus opiniones acerca de personalidades consideradas relevantes dentro del mundo artístico. Entre ellos está su compatriota y colega Gabriel García Márquez y la cantante Shakira, de quienes no repara en hacer críticas oprobiosas.

Después de 14 combates sin conocer la victoria, se retiró del boxeo aficionado. En 1984 abandonó sus estudios de Medicina para dedicarse al fútbol de playa. Actualmente reside en España donde desarrolla sus proyectos musicales con su grupo 7 Torpes Band en donde le pone letra y música a sus canciones “sin saber un pito de música”. También fundó la multinacional: Fracaso Ltda. con el famoso eslogan: “Donde se necesite un fracaso, allí estaremos”.

sábado, 29 de enero de 2011

Los filósofos

Pienso, luego existo, dijo un hombre, y de inmediato su madre le dio un golpe en la cabeza diciendo le doy un golpe en la cabeza a mi hijo, luego existo.
No, no, lo entiendes todo mal, gritó el hombre.
Entonces ella le dio otro golpe en la cabeza y gritó luego existo.
No es así, no es así; se supone que tienes que pensar, no dar golpes en la cabeza, gritó el hombre.

…Pienso, luego existo, dijo el hombre.
Doy golpes en la cabeza, luego ambos existimos, el que los recibe y el que los da, dijo la madre del hombre.
Sin embargo, llegados a este punto el hombre había dejado de existir; inconsciente, ya no podía pensar. Pero su madre sí podía. Entonces pensó, luego existo, y luego soy mi hijo inconsciente, aunque él no lo sepa.


Russell Edson (Connecticut, 1935)

miércoles, 26 de enero de 2011

Edgar A. Poet


Hijo de actores de teatro. Huérfano a temprana edad. Criado luego por una tía y sometido al rigor inflexible de un padrastro. Edgar Allan Poe (1809 – 1849), el escritor considerado padre del género detectivesco y maestro del relato breve.

Nació un 19 de enero en Boston, fue adoptado por Frances y Jhon Allan. Tuvo una vida marcada desventuras vinculadas generalmente al opio y a su rápida asimilación hacia el más ligero consumo de alcohol, y esto formaba parte de su lucha cotidiana. Pero su lucha no era contra estas costumbres, sino contra sí mismo, contra sus demonios personales. Solía decir: “Mis enemigos atribuyen la locura a la bebida y no la bebida a la locura”.

Poe quería ser un poeta, y consiguió serlo a pesar del desacuerdo de su padrastro con quien siempre discutía acerca del incierto futuro que le proponía la vida literaria. Sin embargo la necesidad lo hizo ser reconocido por sus textos narrativos, ya que los cuentos eran más comerciables que la poesía. Pero estos cuentos, ambientados en lugares lúgubres y góticos, no eran nada parecidos a lo que la gente se había acostumbrado. Poe vino a quebrantar la solemnidad de la literatura romántica con una literatura extraña, sobre todo en argumentos, con personajes extravagantes y vinculados siempre, de alguna u otra forma, a la muerte.

Fue así que la crítica se levantó en su contra, más por estar en desacuerdo con su estilo de vida que con su literatura, o porque ambas guardaban un estrecho vínculo entre sí, ya que en muchas de estas historias se puede reconocer a Poe como el personaje principal. En su cuento Berenice o en Tres Domingos por semana por ejemplo, donde los personajes se enamoran de su prima. Sabemos que Poe se casa con su prima hermana Virginia Clemm de 13 años, cuando él tenía 27.

Su legado interminable

La obra de Poe, así como su vida misma ha conseguido conmover y apasionar a miles de personas. Tanto así que a partir de su obra se han formado géneros literarios como el Policial o Detectivesco, y el de Terror. Quizá debamos este descubrimiento a otro gran poeta, como lo fue Charles Baudeleire, quien se encargó de reivindicar la figura y la obra de Poe. Pero no fue el único, también lo hicieron los simbolistas franceses como: Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé, entre otros.
En España Gustavo Adolfo Bécquer dio un giro en su narrativa tras descubrir a Poe. En Sudamérica podemos decir que llegó a Rubén Darío, Horacio Quiroga, Andrés Caicedo, y Julio Cortázar, quien se encargó de hacer la traducción de sus cuentos completos –que según muchos es la mejor traducción al castellano- . Sir Arthur Conan Doyle no hubiese concebido su Sherlock Holmes sin el personaje detectivesco Auguste Dupin; mientras que H. P. Lovecraft tomó diversos elementos de la narrativa de Poe para sus relatos. Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Oscar Wilde también declararon más de una vez su devoción hacia el escritor.

Pero la herencia de Poe no se limita al ámbito literario sino también a otras expresiones artísticas. En música abarca desde una opera inacabada de Debussy titulada “La caída de la casa Usher”, llegando a estilos menos clásicos como el rock progresivo, con Alan Parsosns Project, en Soda Stereo, hasta el metal Progresivo de Symphony X quienes han basado varias de sus canciones en la vida y obra de Poe. El mundo televisivo tampoco ha estado exento de esta herencia que se proyecta con Jean Epstein, Vincent Price, y su más prolífico adaptador, el norteamericano Roger Corman, Tim Burton, Matt Groening, entre muchos otros.

Se cuenta que murió el 7 de octubre de 1849, entre alucinaciones de seres fantásticos que veía en la pared, narrando quizás su última y más trágica historia de terror: la de su propia vida.